El otro día, hablaba con unos amigos sobre cómo están las cosas con nuestra generación (soy del 87), que si no podemos comprarnos una casa, el gasto de tener hijos…
Considero que mi generación, en general, está viviendo una fase de golpe de realidad acelerada. Creo que hemos sido una generación que lo ha tenido “todo”, que ha tenido una calidad de vida muy buena gracias al Estado del Bienestar que hemos disfrutado en España desde mediados de los 90, hasta mediados de los 2000, con la gran crisis. Y nos hemos creído que eso era “lo normal”, lo mínimo. Que a partir de ahí sólo se podía ir a mejor. Y no es así.
No se nos ha educado en el ahorro, sino en el consumo masivo: en la ropa de marca, salir a cenar, ir al cine, ir de viaje a lugares remotos… Todo eso lo hemos vivido como algo “normal”. Y nos hemos pensado que cuando nosotros tuviéramos que valernos por nosotros mismos, todo sería igual, o mejor.
Y hemos tenido la mala suerte de que nuestro salto al mercado laboral se ha dado justo en una de las peores crisis de este país en los últimos años, con un modelo productivo agotado y con sectores tradicionalmente generadores de trabajo (banca, industriales, telecomunicaciones) viviendo una crisis de modelo de negocio que han hecho que se vivan reducciones de plantilla dramáticas.
Y tenemos una generación perdida, que no acaba de entrar en el mercado laboral, marcada por la precariedad, los malos salarios y la falta de perspectivas. Y a su vez “educada” en un ambiente de “tenerlo todo”, a lo que no se está dispuesto a renunciar.