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La cultura de una empresa ya no eterna. La realidad empresarial del siglo XXI —volátil, híbrida, llena de experimentos y de renuncias repentinas— obligó a derribar esa fantasía.
Hoy, cada vez más organizaciones empiezan a reconocer que su cultura no es una estatua, sino un organismo vivo con una vida útil concreta. Y aquí entra en escena un concepto que gana terreno: la cultura del ciclo de tres años.
¿Qué es un «ciclo cultural de tres años»?
Piénsalo como una temporada de una serie. Tres años dan tiempo suficiente para establecer comportamientos, probar principios, ajustar procesos y consolidar prácticas… pero también son un límite saludable para replantear lo que ya no funciona.
Las empresas están descubriendo que cada tres años su contexto cambia: entran nuevas tecnologías, cambian las motivaciones del talento, se reorganizan prioridades de negocio, y los líderes rotan. Pretender que la cultura sea una línea recta inmutable se convierte en un ejercicio de ficción corporativa.
Un ciclo para ajustar sin caos
Un ciclo trianual ofrece a las empresas un marco claro para revisar su cultura sin caer en la improvisación permanente. Permite actualizar valores sin convertirlos en dogmas inamovibles.



