La facilidad de acceso a la información que han propiciado internet y las nuevas tecnologías incitan a la creación de nuevo contenido. Esto genera una cantidad ingente de datos cada día que pueden servir como fuente para que esa digitalización se acelere.
En concreto, se trata de un proceso que tiene que ver con la Inteligencia Artificial (IA), que depende de esos datos existentes. No obstante, se necesita un aprendizaje para que la IA acabe siendo una herramienta útil y se extienda a un mayor número de actividades cotidianas y empresariales.
Álvaro Barbero, Chief Data Scientist en el Instituto de Ingeniería del Conocimiento (IIC), explica a DIRIGENTES que esta normalización de la IA acabará contribuyendo a «mejorar la calidad de vida en general» en el largo plazo. No en vano considera lógico ser optimistas con la IA, dado que tomar las decisiones en base a los datos es la principal regla del método científico.
En esencia, eso es lo que pretende la Inteligencia Artificial, si bien, Barbero plantea que hay que preguntarse cuál es la fuente de los datos y cómo de fidedignos son. «El riesgo está en otorgar fe ciega a los datos», que pueden desembocar en decisiones incorrectas.
En todo caso, el camino de aprendizaje de esta herramienta invita a pensar que se extenderá cada vez más, una vez que consiga distinguir con claridad lo fundamental de esos datos. Este aspecto puede trasladarse a las búsquedas que realizamos día a día en los buscadores. «Los nuevos algoritmos de análisis del texto, llamados modelos de lenguaje, se centran especialmente en aprender cómo funcionan estas interacciones en el idioma en el que estamos trabajando», ilustra Barbero.