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Las empresas están obsesionadas con los datos. Y no es para menos: en la era digital, cada clic, cada correo, cada paso del cliente puede ser rastreado, medido y empaquetado en un dashboard de apariencia impecable.
Pero una verdad incómoda flota detrás de tanta analítica: muchas métricas no sirven para nada. O, peor aún, llevan a decisiones equivocadas.

¿Cuántos likes tuvo la última campaña? ¿Subimos un 12% en engagement? ¿Y eso, exactamente, qué significa para el negocio?
Cada vez más líderes se enfrentan a una paradoja: tienen más datos que nunca, pero menos claridad real. Por eso ha llegado el momento de separar el ruido de la señal. O, dicho de otra forma, las métricas que importan de las que solo ocupan espacio en la pantalla.
Vanity KPIs: el espejismo de lo cuantificable
El concepto de vanity metrics no es nuevo. Lo popularizó Eric Ries en The Lean Startup para describir aquellos indicadores que «suenan bien» pero no dicen nada útil.



