Las rentabilidades de los bonos europeos siguen más que contenidas, sobre todo en el caso de Alemania; muchos de estos activos, de hecho, se han sumado al club de los "tipos negativos". La fe en la recuperación cíclica de la región es "inquebrantable", pero la magnitud de la misma no parece suficiente, las cifras cojean y, sobre todo, los precios no consiguen revivir, al tiempo que la debilidad del euro se desvanece…
Las medidas adoptadas por el Banco Central Europeo (BCE) han permitido "dar una mayor fluidez a los circuitos monetarios. Sin embargo, siguen momentáneamente sin tener efecto alguno en el crecimiento", destaca Bruno Colmant, estratega jefe de análisis macro de Degroof Petercam.
¿Por qué? Tres motivos: primero, la emisión de deuda del Estado no crea crecimiento ya que se trata de mitigar los tipos de interés soberanos y de evitar la contracción del ahorro interno. Segundo, "la creación monetaria permanece momentáneamente congelada en los balances bancarios sin que llegue lo suficientemente rápido a la economía real en forma de crédito. En efecto, la economía padece una crisis de la demanda: el consumo y la inversión son insuficientes para empujar la demanda de créditos a pesar de que los factores objetivos son favorables (un euro más débil, productos petrolíferos menos onerosos, tipos de interés bajos, etc.)".
Y, tercero, "la relajación cuantitativa europea es, por naturaleza, menos eficaz que la que puso en marcha la Reserva Federal (Fed) ya que en los Estados Unidos la financiación de las autoridades públicas y las empresas se realiza directamente a través de los mercados financieros, sin pasar por los balances bancarios. La transmisión de una relajación a la economía real es, por tanto, más rápida y eficaz".
La "carrera" de las divisas