La consolidación fiscal de Portugal, favorable al crecimiento, debe continuar después de las elecciones generales de octubre para reforzar la resistencia de la economía a futuras perturbaciones mediante la reducción de los desequilibrios económicos persistentes inducidos por la crisis, según Scope Ratings.
El gobierno en minoría dirigido por el Partido Socialista (PS) de centro-izquierda de António Costa ostenta el poder en Portugal (rating BBB/Positiva) desde noviembre de 2015, con el apoyo externo de tres pequeños partidos de izquierda.
El Gobierno de Costa ha mantenido su compromiso con los superávit primarios en el período previo a las elecciones generales previstas para el 6 de octubre. El apoyo al PS sigue siendo fuerte, a pesar de algunas señales de descontento de los votantes, como la reciente huelga de transportistas de combustible. Scope asignó a Portugal una perspectiva positiva en su última calificación en abril, destacando la continuidad anticipada de la política tras las elecciones y, en particular, la reducción sostenida de los desequilibrios fiscales como principales impulsores.
«El principal reto para el próximo Gobierno será mantener una estrategia de consolidación fiscal favorable al crecimiento y abordar al mismo tiempo el creciente descontento social, que podría dar lugar a mayores presiones para una política fiscal más flexible, en particular a medida que la caída de los tipos de interés reduzca el coste de la deuda pública», afirma Alvise Lennkh, analista de Scope para Portugal.
«El próximo gobierno de Portugal también debe resistir la tentación de reducir la inversión pública para facilitar el gasto», dice Lennkh. Desde el punto de vista del crédito, esto sería negativo, dado que la inversión pública en Portugal ya es baja (2% del PIB), en comparación con una media de la UE cercana al 3%. Esto supone una de las principales limitaciones para las calificaciones crediticias de Portugal. El compromiso del gobierno del PS de aumentar la inversión pública al 2,6% para 2023 es tranquilizador.