Han pasado tres semanas desde que comenzó el año y tanto analistas como diversas organizaciones e instituciones de todo el mundo coinciden en el mismo aspecto: las perspectivas económicas se recrudecen.
Los favorables vientos de cola que soplaban a principios de 2018 se han ido desvaneciendo a medida que pasaban los meses y la propensión de crecimiento ha generado un escenario económico que se mueve a dos velocidades. Mientras que las políticas de estímulo fiscal aprobadas en EE.UU a principios de año han permitido a este país acelerarse, otras regiones como la Eurozona, Reino Unido, Japón y China comenzaron a mostrar síntomas de debilitamiento.
Todo ello apunta a una bajada aún más acusada del crecimiento a nivel mundial. Desde IHS Markit predicen que el crecimiento global pasará del 3,2% el pasado año al 3,1% este 2019. Y la previsión es que prosiga su senda bajista.
Entre las principales amenazas que afectan, destacan la abrupta caída que ha experimentado el comercio mundial -está previsto que se agraven- el aumento de las tasas de interés y la volatilidad en el mercado de valores. Factores que conducen a un aumento de la vulnerabilidad en la economía mundial y a una mayor probabilidad de recesión en los próximos años.
En este contexto, una de las principales tendencias que recoge el Foro Económico Mundial es la posición de la economía estadounidense por encima de la media con un potencial situado en torno al 2%. En este sentido, los analistas remarcan que el impulso de su actividad estuvo marcado por una «gran dosis» de estímulo fiscal en forma de recortes de impuestos y aumentos del gasto. «Los efectos de este impulso aún se sentirán en 2019, pero disminuirán a medida que avance el año», señalan en el documento. Como resultado esperan un crecimiento del 2,6%, tres décimas por debajo de la cifra de 2018, pero por encima de la tendencia.