En menos de tres lustros, España ha experimentado un avance sin precedentes en materia de investigación biomédica, hasta situarse en el grupo de países con mejores condiciones de cara al futuro para acoger proyectos internacionales de I+D biomédica.
Esta actividad constituye, además, el principal motor para el tejido investigador en España, un país que gracias al firme compromiso de la industria farmacéutica y al esfuerzo conjunto de profesionales sanitarios, investigadores, administraciones sanitarias y organizaciones de pacientes ha logrado situarse en el grupo de cabeza de la investigación clínica en Europa.
Según estos datos, la inversión en ensayos clínicos realizada en España por las compañías farmacéuticas se ha más que duplicado entre 2005 y 2017, desde los 299 millones hasta los 662, un incremento sostenido del 7% anual, y eso pese al inevitable bache de los duros años de la crisis. Esta inversión en ensayos “constituye casi el 60% del total en I+D de la industria farmacéutica en España, que ascendió a 1.147 millones en 2017, y pone de manifiesto el creciente atractivo de nuestro país como destino de estos fondos”, en palabras de Javier Urzay, copresidente de la Plataforma Tecnológica Española de Medicamentos Innovadores y subdirector de Farmaindustria.
Esta apuesta por la investigación clínica se ha acompañado de un fuerte apoyo a la investigación básica, galénica y preclínica, que engloban inversiones superiores a los 260 millones de euros al año. Además, dentro del ámbito de la investigación preclínica destaca el desarrollo del programa Farma-Biotech, que permite poner en contacto a los investigadores preclínicos con las compañías farmacéuticas capaces de asumir el desarrollo clínico de nuevos fármacos.
Desde su puesta en marcha en 2011, este programa ha analizado 519 proyectos de I+D de nuevos medicamentos, de los que 133 han sido presentados a las compañías farmacéuticas, y se han generado hasta el momento 43 nuevas moléculas que están en fase de desarrollo y protegidas por patentes.