El debate, que ha durado 90 minutos, ha sido bronco y tenso. Una hora y media en la que ambos candidatos han hablado sobre 3 asuntos principales que preocupan a los estadounidenses: economía, seguridad nacional y la dirección del país, pero también han puesto de nuevo sobre el atril sus trapos sucios.
Hillary Clinton acusó a Trump de no pagar sus impuestos, ser muy severo con sus trabajadores, no apoyar la igualdad de género y de promover teorías racistas sobre el nacimiento del presidente Barack Obama. Trump atacaba a su contrincante diciendo que en su trayectoria política Clinton ha sido irresponsable llevando a la nación a la ruina fiscal y la criticó por abandonar a la comunidad negra del país.
Los analistas han reprochado a Trump el uso de un lenguaje demasiado informal en muchas ocasiones y con tonos de grandilocuencia en otros. A Clinton se la ha visto sonriente, con la cabeza bien alta e imperturbable.
El magnate neoyorquino ha interrumpido en una treintena de ocasiones a la ex secretaria de Estado, prácticamente en todas y cada una de sus intervenciones. Entre otras cuando Clinton le presionó para que haga pública su declaración de impuestos, a lo que Trump contestó que lo haría "si la señora Clinton accede a liberar a una memoria caché de sus correos electrónicos".
A esta polémica sobre los emails, que ya viene de lejos, Hillary comentó haber cometido un error usando un correo electrónico privado, "yo no voy a hacer ninguna excusa, fue un error", dijo.