Al comenzar un Año Nuevo nos encontramos con la misma cantinela. Nos proponemos hacer una serie de cosas, pero al llegar diciembre y analizar los doce meses transcurridos, vemos que no hemos cumplido prácticamente nada de lo que con tanta ilusión habíamos planificado. Si esto ocurre tampoco hemos de agobiarnos, pero si alcanzamos los objetivos que nos marcamos a principios de año es indudable que nos sentiremos más satisfechos con nosotros mismos, lo que viene muy bien, al menos desde un punto de vista psicológico.
Hay muchos propósitos que pueden estar en nuestra lista: ir al gimnasio, ponernos a dieta, apuntarnos a clases de inglés o de otro idioma, dejar de fumar, ser más puntual, leer más… Las metas que nos ponemos son de todo tipo, pero para que realmente las cumplamos debemos ser muy organizados y tener claro lo que realmente queremos.

1. Estar convencidos
Lo primero de todo es tener la firme convicción de que realmente deseamos hacer eso que nos hemos propuesto. Es decir, nos hemos de preparar mentalmente y tener verdaderamente ganas de dar ese paso, las medias tintas no sirven. Si deseamos por ejemplo dejar de fumar, hemos de estar totalmente convencidos de que vamos a abandonar este hábito, y si vemos que solos no lo vamos a conseguir, no debemos dudar en pedir ayuda acudiendo a expertos que nos dirijan.