Aversión al riesgo, impredecibles consecuencias de la salida de Reino Unido de la Unión Europea (UE), negociaciones que se prometen largas, incertidumbre, más estímulos por parte del Banco de Inglaterra (BoE por sus siglas en inglés)… todo parece inclinar la balanza a favor de una divisa británica más débil.
Goldman Sachs se encuentra entre las casas de análisis que apuesta por un "amplío descenso" de la moneda y recuerda que la próxima semana se reúne la autoridad monetaria británica, encuentro en el que se prevé un mayor guidance sobre las ayudas que podrían implementar, que pueden incluir reiniciar las compras de activos (QE).
"Este será el catalizador para mayores caídas (…) el mercado está descontando correctamente el efecto de este programa, unas persistentes condiciones monetarias laxas en Reino Unido y una divergencia frente a Estados Unidos en este sentido", explican estos expertos.
Mientras, José Luis Martínez Campuzano, portavoz de la AEB, recuerda que la caída fue mucho más intensa entre 2008 y 2009, más del 30% en términos efectivos, esto es, frente a divisas con las que tiene comercio ponderada por el peso comercial. En aquel momento, señala, fue un "respiro económico que sirvió para mejorar la competitividad y amortiguar el impacto de la crisis. ¿Podría volver a suceder algo similar ahora?" se pregunta.
En este sentido, Capital Economics apunta que la libra tan sólo ha vuelto a los niveles en los que se movió durante la mayor parte del periodo comprendido entre 2009 y 2014, sobre una base ponderada a comercio también. "La incertidumbre económica y política actual, junto al enorme déficit por cuenta corriente de Reino Unido, de hecho, justifican una caída aún mayor", afirman.