En la práctica, la mayoría de las empresas fracasan y eso solo puede deberse a que el empresario no ha sabido o podido poner sus recursos en la idea, forma o tiempo oportuno. Epidemias como el coronavirus, una caída de ventas radical o que el banco se niegue a renovar una línea de financiación son algunas situaciones que pueden afectar a la actividad empresarial y poner en peligro el patrimonio.
Son muchos los empresarios que toman decisiones que pueden perjudicar a su ámbito personal. Hay casos en los que estas acciones se deben a razones de lógica asunción del riesgo, otras a circunstancias inevitables y en muchas ocasiones a verdaderos errores de cálculo o desconocimiento de las consecuencias de los actos. En este último grupo merece especial mención el típico caso de la mala costumbre de hacer cosas que no se deben pensando que nada ocurrirá.
Es tan importante para la empresa ser previsor en los aspectos técnicos o de producción como en los financieros. La prevención minimiza el impacto de los problemas: es esencial contar con información contable fiable y actualizada que permita tomar decisiones de negocio, legales o financieras, ya que una contabilidad mal llevada es una trampa para tomar decisiones.
En estos tiempos inmediatamente pasados, se ha hablado del Cumplimiento Normativo: ofrecen beneficios a largo plazo. En situaciones de crisis, es esencial repasar el estado del cumplimiento de obligaciones, y principalmente aquellas relacionadas con la normativa laboral, las obligaciones tributarias, de Seguridad Social y las formales mercantiles, y revisar siempre las obligaciones del sector del negocio.
Otro punto que más dificultades presenta es el establecimiento previo de los riesgos a asumir. En el caso de pequeñas empresas el empresario es, a la vez, el propietario de la empresa y el director general. Por ello, es posible que un pequeño grupo de personas tomar decisiones improvisadas que superen el nivel de riesgo asumido al origen.