600.000 empresas se acogieron a los Expedientes de Regulación Temporal de Empleo (ERTE) para enfrentar la crisis de demanda que representó el primer confinamiento, así como las posteriores restricciones. La actividad decayó de golpe y las compañías no tuvieron más remedio que poner en pausa a sus trabajadores, de modo que más de 3 millones supieron lo que significan las siglas ERTE.
Ahora, en mayo se sabe que el mes pasado acabó con 640.000 trabajadores utilizando este mecanismo de protección del empleo, que en su mayoría pertenecen a sectores especialmente afectados por las restricciones como el comercio, el turismo y la restauración. Desde que se pusieron en marcha, la evolución de la pandemia ha influido en el uso de esta herramienta, ya que por ejemplo en febrero se alcanzó el máximo del año, con cerca de un millón de trabajadores en ERTE, justo en plena tercera ola.
En este momento se está cerca del mínimo registrado a lo largo de la pandemia, lo que hace pensar que, si esta no termina, todos esos empleos acabarán desapareciendo o formando parte de Expedientes de Regulación de Empleo (ERE). Esa es una de las opiniones generalizadas con respecto a las consecuencias de la pandemia, que ya se ha observado con numerosas empresas reestructurándose o anunciando planes para hacerlo.
Los datos que se tienen en la actualidad hacen que los principales miembros del Gobierno nieguen que los ERTE puedan convertirse en ERE. Más bien, los planes para reducir plantillas responden a procesos de reestructuración que se acometen aprovechando que se reduce la cifra de negocio.
Para el Secretario de Estado de Seguridad Social, Israel Arroyo, «si algo muestran los ERTE es que la voluntad de las empresas es atravesar esta situación y recuperar la actividad». Ese es el fin para el que fueron creados, pero eso no significa que pueda haber una traslación de ERTE a ERE.