De forma similar a Volkswagen, que actualmente sufre las duras consecuencias del escándalo en torno a sus controles de emisiones, las autoridades monetarias podrían encontrarse con que sus actuales políticas les causan un problema mayor más adelante.
En opinión de los gestores Nick Clay y James Harries, de la gestora especialista Newton, los bancos centrales continúan arriesgándose a abocar al mundo a un bajón prolongado a través de sus intervenciones en la economía. Trazando un paralelismo entre el reciente escándalo sobre el falseo de pruebas de emisiones del fabricante de automoción alemán Volkswagen y las políticas de los bancos centrales, Clay observa que "la ley de las consecuencias no deseadas puede ser muy costosa".
En Volkswagen, comenta, el deseo de convertirse en el mayor fabricante automotriz del mundo llevó a la empresa a tomar una decisión muy desacertada: la de instalar un software en varios de sus modelos que alteraba las lecturas de emisión de óxido nitroso, para así burlar las pruebas de emisión de gases contaminantes. "Ahora que se ha descubierto el engaño, las consecuencias para Volkswagen son mucho peores de lo que hubieran sido de no haber manipulado el sistema".
Clay expone la opinión de Newton de que los bancos centrales están tratando de hacer algo similar en el ámbito de la macroeconomía. Al intentar crear un estado de equilibrio de mercado artificial, que no existiría sin su intervención, las autoridades monetarias están abriendo la puerta a un conjunto de riesgos aún mayor, y en última instancia, a un sistema más frágil. Clay: "Los bancos centrales tienden a pensar que la economía es algo que uno puede controlar como una máquina: que uno acciona una serie de palancas, y esta responde de forma prevista y conocida. Por desgracia, el mundo real no funciona de esa manera."
De forma similar, Harries describe cómo las intervenciones de los bancos centrales están alterando de forma fundamental el ecosistema de los mercados. Las políticas de tipos de interés cero e incluso negativos, unidas a los programas de flexibilización cuantitativa (QE), están impulsando la confianza, fomentando el gasto y elevando el apalancamiento. Aunque el mercado puede ver estos desarrollos con buenos ojos a corto plazo, afirma, la consecuencia a largo es la creación de burbujas de precios de los activos, que el reventarse conducen a aumentos de la volatilidad, a niveles crecientes de incumplimientos y, en última instancia, a fases prolongadas de bajo crecimiento.