En el día a día de las pymes y los autónomos, hay un elemento que pronto dejará de ser como era: la factura. En pleno proceso de digitalización, España avanza con paso firme hacia un modelo de facturación electrónica obligatoria que afectará a todo el tejido empresarial. La cuenta atrás ya ha comenzado.
Diversos expertos coinciden en que la implantación generalizada de la factura electrónica es solo cuestión de tiempo. Tras la aprobación de la Ley Crea y Crece, las empresas estarán obligadas a emitir este tipo de facturas. No se trata de una opción, sino de una exigencia alineada con los criterios europeos de eficiencia, trazabilidad y control fiscal.
La Comisión Europea sitúa a España entre los países más avanzados en esta materia, gracias al empuje conjunto del sector público y privado. «La facturación electrónica representa una oportunidad para las empresas de simplificar sus procesos administrativos y mejorar su competitividad en un entorno cada vez más digital», asegura Marta Gómez, experta en transformación digital de la consultora Eficacia 4.0.
Evolución constante
Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), la facturación electrónica crece en torno al 15% anual. Esta evolución refleja no solo un cambio tecnológico, sino también una transformación cultural en la manera en que se entienden las relaciones comerciales.
Las previsiones apuntan a que en menos de cinco años será obligatoria para todas las empresas españolas, lo que obliga a las organizaciones a prepararse cuanto antes. No basta con incorporar un software de facturación: hay que revisar procesos internos, formar al equipo y garantizar el cumplimiento normativo.
