Los países emergentes son aquellos que, aun no estando al nivel económico de los países desarrollados, presentan un ritmo de crecimiento muy por encima de estos. La diferencia entre ambos está en la renta pér cápita. China, Brasil, India o Rusia sirven como ejemplos.
Se caracterizan por un crecimiento con momentos de incertidumbre, un alto índice de población respecto a la cifra mundial y una clase media reducida. El equipo de Self Bank añade que también se hace notable «una mayor presencia de sus empresas en el exterior gracias a sus exportaciones y «una liquidez de sus activos normalmente baja, siendo susceptibles de crisis generadas por su divisa».
El gran potencial económico de estos mercados se hace palpable al fijarnos en los datos: para el 2020, el Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé que el crecimiento de los países emergentes y en desarrollo avancen un 4,4% en 2020, aumentando esta cifra al 4,6% en 2021. Es el caso de las economías emergentes de Europa. «La mejora se debe al continuo y sólido crecimiento de Europa central y oriental, un repunte de la actividad en Rusia y la recuperación en Turquía, conforme las condiciones financieras se vuelven menos restrictivas», explican desde el FMI.
Las virtudes de las economías emergentes
Sergio Furio, fundador de la plataforma digital de préstamos de garantía Creditas, se adentró en el mercado brasileño hace 7 años. Demuestra una gran experiencia en cuanto a operar en países emergentes. Y tiene una idea clara: los países desarrollados deben aprender de estas economías. Por ejemplo, del inconformismo y ganas de cambiar las cosas: «La inestabilidad política y financiera es un problema, pero si se observa desde el positivismo, puede ser el motor de los inconformistas. Es una razón más para luchar por el cambio, para trabajar duro y defender que el esfuerzo y el buen hacer sacan las cosas a flote».