La renta fija no está atravesando su mejor momento en cuanto a las oportunidades de inversión. Los bajos tipos de interés, en muchos casos negativos, están haciendo que los inversores tengan que mirar y buscar otras opciones de inversión. A pesar de que en 2019 se observó una continuación de la caída del rendimiento de los bonos, el mundo, según los inversores de renta variable y deuda corporativa (o crédito), se encontraba en una situación relativamente desfavorable. Los mercados de renta variable se recuperaron con fuerza y los diferenciales de crédito (los rendimientos de los bonos corporativos en relación con los bonos gubernamentales de menor riesgo) se redujeron hasta casi su mínimo histórico.
“Una creciente lista de banqueros centrales ha seguido la fórmula mágica de los recortes de tipos de interés y, en muchos casos, la búsqueda de políticas no convencionales, como la expansión cuantitativa (quantitative easing, QE), se ha agotado en gran medida. La preocupación está creciendo a lo largo de una lista cada vez más larga de indicadores de final de ciclo que empiezan a alertar de la situación. Un ejemplo es la confianza de los consumidores estadounidenses, que ha caído de forma significativa”, explica Bob Jolly, director de macroeconomía global de Schroders.
Políticas fiscales
Históricamente, las políticas fiscales, especialmente el gasto en infraestructuras, han actuado como catalizadores del crecimiento. Los gobiernos podrían aprovechar la financiación barata para invertir en infraestructura con la expectativa de impulsar la demanda y, en última instancia, la productividad. Reino Unido es uno de los firmes candidatos a poner en marcha estímulos fiscales, al contrario que la mayor parte de países en todo el mundo. Alemania, con una gran capacidad de gasto y el rendimiento del Bund en niveles históricamente bajos, parece ser otro candidato obvio.
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