Con las constantes actualizaciones de la ley de protección de datos y la entrada en vigor de las normativas sobre inteligencia artificial y ciberseguridad, el tratamiento de datos de usuarios y clientes entraña un riesgo cada vez mayor. Ante esta realidad, surge la figura clave del Delegado de Protección de Datos, también conocido como DPO (Data Protection Officer).
Aunque su nombre aún suene lejano para muchas pymes, el DPO no es una figura exclusiva de grandes corporaciones. La normativa europea (RGPD) y su transposición en España (LOPDGDD) establecen criterios muy concretos que determinan cuándo es obligatorio contar con uno. Y aunque no todas las empresas están obligadas a designarlo, cada vez más organizaciones optan por incorporar esta figura de manera preventiva o externalizada, conscientes del valor estratégico que aporta en términos de seguridad y reputación.
Funciones del Delegado de Protección de Datos
El Delegado de Protección de Datos es la persona responsable de velar por el cumplimiento de la normativa de protección de datos dentro de la empresa. Su papel no es solo técnico o jurídico, sino también estratégico, ya que actúa como enlace entre la organización, los interesados (clientes, empleados, usuarios) y la autoridad de control (en España, la Agencia Española de Protección de Datos).
Según explica Javier Rubio, DPO de Grupo Atico34, empresa de protección de datos líder en España, «el Delegado de Protección de Datos no está para poner trabas, sino para ayudar a que la empresa crezca de forma segura, evitando sanciones y fortaleciendo la confianza del cliente».
