Los precios han experimentado una evolución paralela a la de la pandemia. Sin casi percibirlo, se han dado la vuelta desde tasas negativas, como la de octubre de 2020 (-0,8%), hasta alcanzar un registro que no se veía en 30 años.
Con la entrada del año, la variación de los precios pasó de la deflación a la inflación, puesto que en enero retornó a cifras positivas (0,5%) en términos interanuales. Los meses siguientes se ha ido viviendo un encarecimiento moderado, si bien en los últimos meses la aceleración ha sido mucho más veloz.
Se pueden señalar tres puntos de inflexión. El primero sucedió en febrero y marzo, cuando apenas hubo subida de precios y se avanzó hacia una tasa del 1,3% en el tercer mes del año. Después las cifras se fueron consolidando hasta julio, en un periodo en el que se rozó el 3%. Por último, en apenas tres meses los precios se han revalorizado hasta alcanzar el 5,4%, según calcula el INE.
La cuestión es que casi todos los componentes de la lista de la compra que tiene en consideración el INE tuvieron una evolución similar y moderada. La evolución de artículos como los alimentos, la ropa, los muebles o los restaurantes varía entre el 1% y el 2%.


