El momento del relevo en el BCE es de todo menos dulce. Existe unanimidad entre los gestores a la hora de considerar al presidente saliente, Mario Draghi, como el “salvador del euro”. Su famoso “haremos lo que sea necesario y, créanme, será suficiente” ya es mítico y, en efecto, tuvo que hacer bastante, tuvo que implementar medidas y seguir los pasos de la FED, mucho más ágil a la hora de tratar de atajar los efectos de la crisis iniciada en 2008.
Sin embargo, el objetivo de inflación durante el mandato de Draghi no se ha cumplido y “tal vez sea una tarea casi imposible dada la escala de desapalancamiento en la zona euro y las tendencias demográficas desafiantes”, como asegura Nick Wall, co-gerente del fondo Merian Global Investors. Pero este no es el gran desafío al que se enfrenta Lagarde: le toca insistir en que es hora de que no reme solo el BCE.
Alentar políticas fiscales
Christine Lagarde se enfrenta al desafío de una economía abierta que está altamente expuesta a los caprichos del comercio mundial y de la inestabilidad política: “el modelo de crecimiento europeo de altos ahorros está muerto en una guerra comercial”, asegura Walll, de modo que Europa ya no puede permitirse que el BCE siga siendo el único jugador que se mueva para tapar grietas sin correr el riesgo de recesión. “La tarea de Lagarde será alentar a los gobiernos a adoptar una postura de política fiscal más activa para aumentar la demanda interna. Con inversores dispuestos a prestar a gobiernos, ya sea Alemania o Grecia, a tasas de interés negativas, debería ser factible, pero representará un cambio radical para muchos gobiernos europeos, que requerirá toda la perspicacia política de Lagarde”, asegura el gestor de Merian.
Y en el mercado hay unanimidad con respecto a este papel que debe representar Lagarde. Para Mondher Bettaieb, director de crédito de Vontobel AM, debe alentar el gasto fiscal para que se creen puestos de trabajo en un momento de total transición hacia la digitalización. “La política monetaria no puede hacer mucho para contrarrestar la ralentización del crecimiento en Europa y en el resto del mundo. Es necesaria una relajación concertada de la política fiscal”, destaca Paul Diggle, economista de Aberdeen Standard Investments. Por eso, insiste Jeremy Lawson, economista jefe de esta gestora, a “Christine Lagarde le corresponderá encontrar una salida y engatusar a los políticos europeos para que impulsen los cambios de política fiscal y estructural que son la clave fundamental para escapar del mundo de los tipos negativos».