Bitcoin, Ethereum, Ripple, Litecoin… Son algunas de las criptodivisas más conocidas, monedas que comenzaban a ver la luz allá por 2009, tras el momento álgido de la última crisis económica. Desde entonces su número de usuarios ha ido a más y, pese a su volatilidad y a sus riesgos, casi nadie duda ya de que las monedas digitales han venido para quedarse.
Tanto es así que catorce grandes bancos internacionales, entre ellos el Santander, trabajan en la creación de Utility Settlement Coin (USC). De momento, ya han aportado unos 56,3 millones de euros en total para crear Fnality, la sociedad que se va a encargar de solicitar todos los permisos regulatorios para comenzar a usar la tecnología blockchain en transferencias instantáneas.
“Es una noticia positiva. Va acorde a la tendencia del mercado”, señala Alejandro Gómez de la Cruz, cofundador de Icofunding, una plataforma española creada para asistir en el lanzamiento de ICO (Oferta Inicial de Moneda), que es una forma de financiar proyectos que utiliza la tecnología blockchain para recaudar fondos.
Al final de lo que se trata es de la facilidad de poder mover activos de un punto a otro sin intermediarios. “En el momento en el que tu puedes tokenizar dinero dentro de una blockchain todas esas ventajas las puedes aplicar al dinero de curso legal tradicional, que es básicamente lo que están haciendo este consorcio de bancos”, subraya Gómez de la Cruz. Es decir, lo que quieren crear es “una especie de token o ficha que les permita mover el valor que venían moviendo antes por otras vías. Es una forma de poder conectar lo antiguo con lo nuevo”.
Un paso adelante que para Alexis Ortega, socio director de Finagentes Gestión, hay que enmarcarlo en el contexto de una banca que “está en un proceso de cambio brutal en el que tiene que reinventarse”. Un contexto en el que hay muchos gigantes tecnológicos que han dado pasos hacia sus propios sistemas de pago y suponen una amenaza para el sector.