El presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Mauricio Claver-Carone, dijo -al asumir ese cargo en septiembre- que buscará “una fuerte cohesión” con los líderes de la región y convertirá a ese banco -el más importante aquí en inversiones para infraestructura- en “una entidad más relevante financieramente”.
Crítico de Cuba y Venezuela y resistido por Argentina, el banquero -alineado con la gestión Trump- recibió una cartera de 12.000 millones de euros para realizar sus propósitos. Aunque el destino de esos fondos se decide en Washington, donde los republicanos quedaron ahora 50 a 50 versus demócratas, tal capacidad financiera es un instrumento de política norteamericana en el continente, aún más en tiempos de pandemia.
Como informó Dirigentes en septiembre, basándose en informes de analistas de la región, Carone asumió con la misión de contrarrestar con esa billetera el avance de China en Latam. En esa línea se inscribía, por ejemplo, la inversión de 1.000 millones de euros para un plan de “desarrollo y seguridad” en Colombia o los 820 millones que anunció -el 12 de enero, al cumplir sus primeros 100 días en el cargo- para la inmunización contra el covid19.
El acceso a las vacunas es uno de los factores más importantes para “acelerar la recuperación económica”, dijo Carone a los ministros de salud y fundaciones de la región evidenciando las directrices que ha impartido en la entidad. Para muchos países de Latam, EE.UU. es un aliado estratégico y su principal socio comercial, mientras que el BID es un organismo supranacional, ahora con dirección norteamericana.
Unidos por el espanto
Si la pandemia ha puesto a los líderes ante un mismo desafío, el reposicionamiento latinoamericano en relación a la Casa Blanca tras la llegada de Biden ha generado algunas curiosidades, como la colaboración del dictador socialista Nicolás Maduro con el ultraderechista Jair Bolsonaro, la aproximación de este con su antagonistas ideológicos argentinos, la admonición diplomática de los populistas peronistas a los demócratas norteamericanos y la inclinación del mexicano André Obrador por lazos más fuertes con Xi Jinping.