La digitalización promete una mejora en la productividad como lo hicieron los avances tecnológicos en la Revolución Industrial y en otros periodos en los que la técnica dio un salto cualitativo. Los expertos coinciden en que puede traer grandes beneficios pero también puede suponer un importante shock para el mercado de trabajo, dado que muchos de los empleos que existen ahora pueden verse inutilizados por la tecnología.
La Asociación de Periodistas de Información Económica (APIE) en colaboración con el Observatorio de Finanzas ORFIN y la Universidad de Alcalá de Henares reunieron este lunes a diversos expertos para analizar el futuro del empleo en el contexto de la digitalización. Raymond Torres, director de Coyuntura y Análisis Internacional de Funcas y exdirector del Servicio de Estudios de la OIT, cree que la digitalización ya no debe interpretarse como la aparición y desaparición de empleos, sino como un cambio que influye en la «organización de la actividad económica».
Torres incidió en el impacto que tendrá esta dinámica en los trabajos de las clases medias que, por el momento, no generarán desigualdad, sino incertidumbre. Asimismo, esa situación puede tener su réplica incluso en los sistemas políticos, que se fragmentan para tratar de dar respuesta a las crecientes inquietudes de los ciudadanos. En el caso concreto de la política, apuesta por la protección de las capas sociales más vulnerables ante estos cambios tan profundos que van a darse.
Según los cálculos del Foro Económico Mundial, la mitad de las tareas no existirán dentro de 15 años, aunque Torres avanza que serán incluso más. Por eso, hay que poner el foco en la protección social y también en la formación de los trabajadores, que debe prepararles para adaptarse a los cambios, más que en unos conocimientos concretos que se adquieren en los primeros años de la vida.
«Hasta hace 5 ó 6 años, tener cierto nivel educativo era una garantía o casi de tener un buen trabajo y un puesto estable, pero esto ya no es así», reflexiona Torres. El fenómeno no solo se da entre los empleados poco cualificados, de manera que se especifica que habrá también cambios en aquellas tareas que pueden hacer las máquinas, en las que incluso «son más eficientes».