Suele ser bastante común entre los inversores diversificar invirtiendo en todo el espectro de renta variable e ir aumentando la exposición a renta fija de forma gradual en función de las condiciones de mercado, con la intención de contrarrestar eventuales riesgos.
Pero también suele ser bastante habitual también moverse en función de los vaivenes del mercado sin demasiado criterio, a rebufo. Y una de las razones está en la carencia de objetivos claros, como señala Jorge del Canto, responsable de Escuela de Acciones.com. “Uno de los errores más importantes de los inversores minoristas es no saber determinar cuánto pueden invertir: acuden al primer comentario, aceptan el primer producto que se les propone y no contrastan la información. Eso en muchas ocasiones lleva a una mala distribución de las inversiones. Es un error muy extendido”, señala.
Es crucial, por tanto, tener los objetivos muy definidos para poder determinar cuál es la mejor combinación de activos de renta fija y renta variable y cuál debe ser la evolución de porcentajes asignados a cada uno con el paso del tiempo. Pero, conviene no perder de vista que con los distintos activos de renta variable también se puede reducir el riesgo. ¿Cómo?
Cómo la renta variable puede reducir el riesgo
“No todos los activos de bolsa son iguales”, señala Sunder Ramkumar, gestor de Capital Group. De hecho, si tenemos en cuenta los datos históricos de los últimos 50 años “vemos que los títulos con una beta más elevada presentaron un mayor riesgo y volatilidad que los de beta más reducida, pero al mismo tiempo ofrecieron una mayor rentabilidad”.