Con la espantada de Gonvarri, filial de Gestamp, Abengoa ha decidido solicitar "con la mayor brevedad posible" el preconcurso de acreedores, un paso previo antes de declararse en lo que antes se conocía como suspensión de pagos. De esta manera gana cuatro meses, según establece la Ley Concursal para negociar la financiación con la banca acreedora o buscar otros socios dispuestos a inyectar capital a la compañía para evitar que el proceso se judicialice con administradores concursales.
A corto plazo está decisión supondrá un castigo en bolsa inicialmente y cierra la puerta a llevar a buen puerto la ampliación de capital de 650 millones, que tiene pendiente Abengoa y que es clave para su supervivencia. Pero a medio plazo, garantiza que sus acreedores puedan obligar a la empresa que entre en concurso y que la compañía pueda seguir trabajando para encontrar financiación que garantice su viabilidad.
Para Abengoa y su posible socio es una forma de forzar las negociaciones. Gonvarri había condicionado su entrada en la compañía a que la empresa obtuviera una refinanciación entre 1.000 y 1.500 millones de sus líneas de crédito. Algo a lo que se negó parte de la banca acreedora. La propia Gonvarri que en caso de producirse un cambio en la negativa de la banca a aceptar sus condiciones, podría dar marcha atrás.
Ahora Abengoa tiene cuatro meses para convencer a la banca sobre el plan de Gonvarri o buscar una alternativa. Cuando se llega a esta situación aparecen fondos de altos de riesgo que están dispuesto a inyectar capital a una compañía con una delicada situación financiera.
Si en cuatro meses no hay acuerdo entre las partes, Abengoa estaría obligada a solicitar el concurso de acreedores ante el juzgado mercantil, con lo que supondría el mayor de la historia de España con un pasivo de 20.000 millones. Las más grandes hasta la fecha han sido la de Martín Fadesa con 5.200 millones de deuda y Pescanova con 4.200 millones.