2016 arrancaba con la primera subida de tipos en Estados Unidos en casi una década y el miedo a que la economía norteamericana tropezara y volviera a entrar en recesión. No ayudaba a mirar la situación con perspectiva el hundimiento del crudo y las turbulencias del gigante asiático. Tampoco la rebaja constante de las previsiones de crecimiento, ni de los resultados corporativos.
Así, desde Saxo Bank, su economista jefe, Steen Jakobsen, daba una probabilidad del 60% a que la economía del otro lado del Atlántico entrara en recesión, con el consecuente impacto en el resto del mundo… Ya saben, ‘cuando Estados Unidos estornuda, el resto del mundo se resfría’…
"Esto no quiere decir que pensemos que vayamos a ver una recesión, sino que creemos que la probabilidad de suceda es mucho más alta de lo que el mercado ahora está dispuesto a admitir", explicaban.
Porcentaje parecido daban los expertos de Citi a la recaída, alertando sobre el peligro que supongía entrar en el séptimo año de expansión para el país. A su juicio, el problema estaba precisamente en un mercado laboral que mejora, pero sin un incremento de la inflación salarial. Situación que, por ahora, se mantiene…
Desde entonces, los datos macro nos han dado ‘una de cal y otra de arena’, la confianza en los bancos centrales para apuntalar el crecimiento ha comenzado a debilitarse, con los interrogantes sobre la fortaleza de la economía haciendo acto de presencia de manera constante…