Y es que, tal y como indicaban entonces los analistas de Ahorro Corporación Financiera (ACF), aunque el castigo que sufrió el grupo en bolsa a cuenta de las garantías y contabilización de sus "bonos verdes" pudiera haber sido excesivo, "el importante montante de deuda va a seguir pesando en la evolución de la compañía".
La agencia de calificación crediticia Fitch advirtió al hilo de esta noticia que la distinta metodología aplicada para dicha deuda significaba que su estimación de endeudamiento con recurso ajustado para el presente ejercicio, de cuatro veces, casi duplica los datos ofrecidos por la propia empresa. Asimismo, llamaba la atención sobre los riesgos que suponían para el grupo la fuerte caída del crudo y las incertidumbres en torno a las energías renovables.
Abengoa, por su parte, respondió con una conferencia a analistas y una revisión "limitada" de sus últimas cuentas de Deloitte. Un informa en el que se explicaba que no hay indicios de que sus cifras no hayan sido elaboradas conforme a las normas internacionales, aunque se matizaba que no contenía toda la información que requieren unos estados financiero consolidados y que no es una "auditoría de cuentas".
En el encuentro con las firmas de análisis, el grupo dejó claro que contaba con 601 millones de euros de liquidez para recomprar bonos; añadió una tercera categoría de deuda: la deuda sin recurso en proceso (que se sumó a deuda corporativa y deuda sin recurso); y anunció un nuevo objetivo de apalancamiento sumando la deuda corporativa y la de sin recurso en proceso, que es de cinco veces el EBITDA para 2014 y de 4,5 veces para 2015. Contando solo la deuda corporativa, la "meta" se mantiene en dos veces para ambos años.
A principios de este mes, S&P mantenía la calificación del grupo en "B" (bono basura), con perspectiva positiva, y destacaba que los planes del grupo de reducir su participación en Abengoa Yield, implicarían sacar la mayor parte de la deuda asociada a la filial de su balance y mejorar, por tanto, sus ratios crediticios.