Si hace unos años alguien te decía que iba a «escribirle un prompt a una IA», probablemente pensarías que estaba inventando palabras. Hoy, esa frase es parte del día a día de diseñadores, redactores, programadores y creativos. Un prompt —esa instrucción más o menos precisa que se introduce en herramientas como ChatGPT, Midjourney, Deepseek, etc.— se ha convertido en una nueva forma de «hablar con las máquinas». Pero también ha abierto un debate nada sencillo: ¿puede ese texto tener derechos de autor? ¿Puede alguien adueñarse legalmente de una línea escrita para que la IA actúe?
También se ha transformado en un objeto valioso. Cada vez más profesionales invierten tiempo en diseñar prompts complejos, con estructuras pensadas, referencias precisas, objetivos definidos y una longitud de decenas de páginas. No son simples frases: en algunos casos, son estrategias creativas. Y ahí surge la pregunta incómoda: ¿puede alguien apropiarse legalmente de un prompt? ¿Cabe la posibilidad de que se reconozca como una creación protegida?
No se trata solo de egos ni de créditos. En un contexto donde los prompts se han vuelto recursos clave para generar contenido, automatizar procesos o entrenar modelos, saber quién puede usarlos, copiarlos o revenderlos es más que un detalle técnico. Es una cuestión de protección jurídica, de negocio y de reconocimiento profesional.
Pablo: «Un prompt no es código, y eso marca la diferencia»
Pablo Haya, director de Businness and Language Analytics en el Instituto de Ingeniería del Conocimiento (IIC), nos aporta una mirada técnica en el dilema. Según él, comparar un prompt con un programa de software es un error común, pero significativo. «Aunque ambos sirven para dar instrucciones a una máquina, hay una diferencia fundamental: el código es un lenguaje formal, sin ambigüedades. Los prompts, en cambio, se escriben en lenguaje natural, con toda su riqueza y confusión».
Esa ambigüedad no es un defecto, sino parte de la potencia de los modelos actuales. «Tú escribes una frase y la IA no la ejecuta como si fuera un comando, sino que la interpreta, completa, sugiere. Lo hace en función de todo lo que ha aprendido durante su entrenamiento y del contexto. Y ese proceso, al ser probabilístico, no es replicable de forma exacta».
