Las últimas jornadas de incertidumbre que se están viviendo en los mercados llevan de nuevo a España al primer plano de la actualidad, simplemente por haber formado parte en el pasado de un grupo "tóxico" de la zona euro, los denominados países periféricos que pasaban por una situación muy similar, vuelven a ser claro punto de referencia y son un foco de atención político y económico.
Parece que la memoria histórica reaparece simplemente por el mal hacer de Grecia, actor principal de la actualidad económica que nos preocupa. Claros son los factores diferenciadores y las circunstancias de cada país simplemente valorando los datos actuales.
Las circunstancias han cambiado y las actuales economías se diferencian mucho de lo que eran en el pasado. La restructuración que ha sufrido España en el ámbito de reformas económicas dista mucho de Grecia, por poner un ejemplo, los resultados que presenta nuestra economía muestran una recuperación y un crecimiento que se va revisando al alza según avanzan las consecuencias de las políticas restrictivas que vivimos en el pasado.
Tampoco podemos lanzar las campanas al vuelo y, para no llegar al error de otros, debemos ser consecuentes y realistas con nuestra situación, que es lo que nos está dirigiendo hacia el resurgir económico, pues venimos de una de las mayores crisis que ha experimentado nuestra economía.
El foco sobre el que podemos centralizar nuestra atención es la deuda que se ha incrementado sobremanera en los últimos años y nos encontramos con unas circunstancias particulares adheridas a nuestra identidad como país y, esa característica, que es el estar formado por diferentes comunidades autónomas, cada una de ellas con sus propias singularidades y sus propias circunstancias económicas.