¿Qué pasa cuando las mejores ideas no vienen de arriba, sino de los equipos que están más cerca del problema? Cada vez más empresas están reformulando su modelo organizativo para dejar atrás las jerarquías clásicas y abrir paso a estructuras redárquicas, donde el liderazgo se distribuye y la innovación se nutre desde abajo.
La palabra redarquía combina «red» y «jerarquía», y define un modelo organizativo basado en la interconexión de nodos, no en la subordinación vertical. En lugar de responder a un único superior, los equipos operan como redes de colaboración horizontal, en las que la autoridad se basa en la experiencia y el reconocimiento, no en el cargo.
Este tipo de estructuras se está implantando especialmente en empresas que necesitan adaptarse con rapidez a cambios tecnológicos, sociales y de mercado. Según un informe de Deloitte, más del 60% de las compañías del Fortune 500 están explorando modelos ágiles o distribuidos de organización para ganar velocidad y eficiencia.
Cambio de paradigma
En entornos redárquicos, los equipos tienen libertad para experimentar, proponer mejoras y liderar iniciativas. La innovación se convierte en una competencia transversal, no exclusiva del departamento de I+D.
«No es necesario que alguien te diga lo que tienes que hacer, ni ocupar una posición en el organigrama, para movilizarse, innovar y comprometer con lo que realmente te apasiona», explican desde Randstad en su análisis sobre modelos emergentes de liderazgo.

