La Bolsa se ha teñido de rojo por el temor a una recaída en la recesión ante el debilitamiento de China, los emergentes y las materias primas, las renovadas dudas en torno a la salud del sector financiero, y la falta de confianza en los bancos centrales (garantes últimos de la recuperación), con el ciclo alcista de tipos de la Fed a la cabeza, pero también con la incapacidad de Banco Central Europeo (BCE) y Banco de Japón (BoJ por sus siglas en ingles) de "convencer" con sus medidas acomodaticias.
Y los participantes del mercado se han refugiado, como no podía ser de otra forma (¿o sí?), en el oro, las divisas y la deuda segura. El metal precioso ha superado la importante resistencia, con la que llevaba tiempo "luchando", de los 1.208 dólares la onza; mientras, la rentabilidad de los bonos alemanes ha caído a mínimos (con la deuda a dos años austriaca o francesa en negativo) y la de los estadounidenses se ha alejado con fuerza del 2%. Por su parte, el euro ha llegado a visitar los 1,13 dólares y el yen a superar los 120.
Sin embargo, las perspectivas de todos estos activos, ante las divergentes políticas monetarias de los bancos centrales, nos cuentan una historia muy diferente a la que narran los precios.Y es que, el endurecimiento de la Fed y la flexibilización de BCE y BoJ impactan directamente en todos ellos, apuntando a un comportamiento radicalmente opuesto.
"Choque de trenes" en el oro
En primer lugar, sobre el oro "pesa", más allá de la autoridad monetaria estadounidense, la desaceleración china y el negativo sentimiento que rodea a las commodities en general pues, unque no es una de ellas en sentido estricto, el exceso de oferta y la debilidad de la demanda afectan con fuerza a su valoración.