En todos los sectores económicos, es urgente que los participantes de la industria se unan a la transición para alcanzar las cero emisiones netas («cero neto») y lograr cambios a nivel social. Cada vez más, los inversores deben analizar las empresas desde diferentes perspectivas con el objetivo de evaluar su impacto social y medioambiental, además de la rentabilidad.
Impulsado por la falta de avances en este ámbito, el Reglamento europeo sobre divulgación de información relativa a la sostenibilidad en el sector de los servicios financieros (SFDR, por sus siglas en inglés) entró en vigor en marzo de 2021 con el objetivo explícito de abordar el «ecoblanqueamiento» o greenwashing y fomentar una mayor transparencia en el sector financiero. Un año después, evaluamos su implementación y señalamos las áreas de la inversión responsable que deben desarrollarse aún más.
Un paso en la buena dirección
A pesar de la importancia de que el sector financiero sea capaz de proporcionar a los clientes información clara sobre la inversión responsable, la regulación no había abordado esta cuestión antes de la implementación del Reglamento SFDR.
Por eso, acogimos con satisfacción este reglamento como un paso en la buena dirección, puesto que ayuda a los inversores minoristas e institucionales a entender mejor el grado de responsabilidad con el que se gestionan sus carteras. Esta nueva legislación ha animado a los inversores a poner el foco en la inversión responsable y ha sido una llamada de atención para los fondos que han tardado en actuar en relación con el cambio climático y otras cuestiones de sostenibilidad claves.
Sin embargo, el Reglamento SFDR ha añadido una capa de complejidad a la inversión responsable y, como resultado, persisten las discrepancias y las áreas grises.