El pasado 25 de julio el ministro del Tesoro británico, Philip Hammond, hizo su primer viaje a China desde que fuese nombrado para hacerse cargo de esa cartera por la primera ministra, Theresa May. Fue a la ciudad de Chengdu, donde tuvo lugar la reunión de ministros de Finanzas y gobernadores de bancos centrales del G20, y donde se cree que empezaron las negociaciones para el multimillonario acuerdo.
Desde allí, no dudó en reconocer que "ve la oportunidad de incrementar tanto los negocios británicos con China como la inversión china en Reino Unido, especialmente en el sector de servicios financieros", señaló Hammond.
Además, tampoco ocultó que la decisión de los ciudadanos británicos en el referéndum no implica dejar a un lado el desarrollo de la llamada "era dorada", por la que apostaron tanto Pekín como Londres el año pasado. "La decisión de salir de la UE no afectará la asociación global con China", subrayó el ministro.
La prensa británica destaca como esta será la primera vez que Reino Unido se embarque en un proyecto tan importante con la segunda economía más grande en el mundo. Sin embargo, tampoco esconden su preocupación ante el previsible aumento de las preocupaciones por la facilidad y precio con la que los productos manufacturados británicos entren en el país.
Puntos clave del acuerdo