El precio del petróleo está poniendo a Repsol contra las cuerdas. El próximo jueves presenta resultados, de los cuales ya ha informado que registrará unas pérdidas de 1.200 millones, tras realizar provisiones de 2.900 millones por culpa de los bajos niveles del crudo. No se espera sorpresas de última hora en los resultados, pero sí un giro de timón en la estrategia hasta ahora Josu Jon Imaz.
El pasado mes de octubre, la petrolera presentó su plan estratégico hasta 2020 anticipándose a que la situación del mercado empeorase. Y dibujó las líneas maestras del negocio para los próximos ejercicios en 50 dólares el barril, en los que se comprometió a un duro plan de ajuste con desinversiones por valor de 6.200 millones para reducir deuda y mantener dividendo. Después de cuatro meses, el "escenario ácido" previsto por los dirigentes de la compañía se ha convertido en un escenario de terror con el petróleo en 30 dólares y previsiones que anuncian que seguirá en bajos niveles durante un mayor tiempo a lo previsto.
La situación se ha vuelto aún más complicada, después que a comienzos de mes S&P pusiera a las grandes petroleras europeas en perspectiva negativa, advirtiendo de un recorte del rating si no se estabiliza el crudo en las próximas semanas. Para Repsol significaría que su deuda entraría en la categoría de bono basura, lo que complicaría aún más la situación financiera que todavía está digiriendo la adquisición de Talisman.
Este escenario, de petróleo más bajo y deuda degradada, ya no es "ácido" es de auténtico infierno, para la compañía que vería como se le estrechan los mercados de capitales y aumentan los costes de financiación pudiendo tumbar los objetivos de Repsol de duplicar su Ebitda hasta los 11.500 millones en 2020.
Tras la operación de Talisman, la compañía elevó su deuda financiera por encima de 13.000 millones, pese a que la operación se financió con parte de los ingresos obtenidos en la expropiación de YPF. Para el equipo de Imaz el dividendo y la reducción se han convertido en aspectos sagrados intocables. Repsol tiene comprometido destinar 10.000 millones en los próximos años para mantener la retribución al accionista y reducir deuda. Pero el consejero delegado reconoció la reducción de la carga financiera es una prioridad y la pérdida de rating, dificultaría terriblemente el objetivo.