La preocupación por la generación de residuos y el agotamiento de los recursos ha permanecido latente con el paso del tiempo, llegando incluso a ser cada vez más acusada. Es por eso que las tornas han empezado a cambiar y lejos de lo que se hacía antiguamente -comprar, usar y tirar- la economía circular ha fomentado que los hábitos de consumo evolucionen acercándonos cada vez más a un modelo sostenible, pero sostenible de verdad.
Por eso es importante aclarar qué entendemos por economía circular. Este tipo de sistema de producción y uso consiste en tomar conciencia de los recursos y saber darle una segunda vida -o incluso tercera- a los productos de consumo, buscando dejar la menor huella ambiental posible. Es por eso que, si se aplica correctamente, la economía circular permite que los residuos pasen a ser recursos de generación. Ya no vale con reciclar o utilizar materiales reciclados, la base está en reutilizar componentes durante todos los procesos de creación y rediseñar pensando especialmente en el desmantelamiento al finalizar la vida útil de los productos.
Pero para llevar a cabo la economía circular no basta solo con ponerle voluntad, será necesario gestionar los recursos de forma sostenible y basarse en tres principios:
- Reducir residuos y consumo.
- Reciclar y generar materiales.
- Reducir el producto.
Aunque pueda parecer complejo, llevar a cabo una economía circular es un procedimiento mucho más sencillo de lo que podamos imaginar. Se basa, principalmente, en variar el modelo lineal para convertirlo en un ciclo que se renueve y regenere él mismo, tal y como sucede en el curso biológico de la naturaleza. El principal objetivo de este modelo es preservar la utilidad de los productos ya existentes, obteniendo como consecuencia la disminución significativa de residuos, ya que se estarán añadiendo muchos menos nuevos recursos al ciclo productivo. En lugar de ver los residuos como un problema que debe ser eliminado, la economía circular los reconoce como materias primas que pueden ser recuperadas y reintroducidas en la cadena de suministro.
Desde el punto de vista industrial, la colaboración entre organismos y la inversión en el desarrollo de nuevas soluciones tecnológicas es fundamental para poder proporcionar productos con una menor huella de carbono y contribuir a la integración de la cadena de valor del residuo al producto final, avanzando hacia la descarbonización de la economía y la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la Agenda 2030.
