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En tiempos en los que la sostenibilidad ha dejado de ser un «extra» para convertirse en una necesidad y una ventaja competitiva, la economía circular ha pasado de ser una utopía verde a una realidad empresarial en marcha.
Ya no se trata solo de reciclar, sino de rediseñar, reaprovechar, reparar y reimaginar lo que hasta ahora se consideraba desecho.
Desde tecnología hasta camisetas viejas, muebles usados o croissants sobrantes en una panadería, lo que antes terminaba en la basura ahora tiene una segunda y hasta una tercera vida.
El «usar y tirar» está en crisis, sustituido por un nuevo ciclo en el que el residuo es recurso y la innovación se mide tanto en producto como en propósito.

Un modelo que gana terreno
A diferencia del sistema lineal de «producir, consumir, desechar», la economía circular propone un enfoque regenerativo: productos que duren más, puedan repararse, reutilizarse, revenderse o transformarse. Este cambio reduce la dependencia de materias primas vírgenes y limita la generación de residuos.


