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En la última década, el ecosistema emprendedor ha vivido una transformación profunda: ya no son solo los inversores de riesgo ni las administraciones públicas quienes impulsan nuevas startups.
Las grandes empresas están asumiendo un rol cada vez más activo en la promoción del emprendimiento a través de incubadoras y aceleradoras corporativas. ¿Qué buscan? Innovación, agilidad y conexión con nuevas ideas que no siempre florecen dentro de sus estructuras tradicionales.
El fenómeno no es nuevo, pero se ha intensificado en los últimos años. En lugar de desarrollar todos sus productos o soluciones desde dentro, compañías como Telefónica, Repsol o Iberia en España, y gigantes como Google, Microsoft o Coca-Cola a nivel internacional, han optado por crear entornos paralelos donde las startups puedan crecer, pivotar y aportar valor, con un ojo puesto en posibles integraciones futuras.
De la estrategia de marca a la inversión de impacto
Las motivaciones para que una gran empresa cree una aceleradora o incubadora son múltiples. En algunos casos, el objetivo es mejorar la imagen de marca y posicionarse como un actor moderno y comprometido con la innovación.

En otros, el enfoque es más práctico: detectar soluciones que puedan resolver problemas internos, abrir nuevas líneas de negocio o identificar startups que puedan ser adquiridas a medio plazo.


