En un momento como el actual, en el que la curva de empleo se desplaza en trayectoria ascendente, el movimiento de trabajadores de una a otra empresa preocupa a las organizaciones. Temen perder talento. Es momento de retenerlo, de afianzar la plantilla en la medida de lo posible.
Hay diversos factores que refuerzan la lealtad del empleado. La principal, sin duda, es hacerle sentir valorado. Y aunque haya muchas empresas, quizás demasiadas, que intentan utilizar los “intangibles” para ello, lo más eficaz es la mejora de su remuneración. Este tipo de incentivo aumenta el sentido de la pertenencia, el compromiso y la responsabilidad, y hace que el trabajador sea consciente de que está en una empresa en la que su esfuerzo es premiado.
La retribución variable es, precisamente, una buena forma de aplicar dicha filosofía, pues es un formato de remuneración establecido por las empresas en base a los logros alcanzados por sus empleados. Son los resultados del trabajador los que condicionarán su nómina a fin de mes, que puede mejorar ostensiblemente. Se trata de un sistema que no solo tiene un impacto positivo en el salario del empleado, sino también en las cuentas de la empresa. La explicación es muy sencilla. Los trabajadores ven en esta estrategia un incentivo para esforzarse más, y eso repercute en unos resultados mucho mejores.
Existen diferentes tipos de retribución variable: pago por número de productos o servicios vendidos o producidos, comisiones adicionales al salario fijo en función del cumplimiento de objetivos -como las pagas de beneficios-, incentivos no monetarios… Evidentemente, cada empresa adapta el tipo de remuneración variable a sus posibilidades, sector de actividad y especialización de sus trabajadores, pero hay una cosa que siempre hay que tener en mente: el empleado debe sentirse recompensado.
Al fin y al cabo, estos incentivos son adicionales a la nómina fija del empleado, por lo cual, en líneas generales, no lograr alcanzar el objetivo marcado no debería suponer un problema económico. El sueldo base no ha de servir para especular con la sensación de seguridad del trabajador, sino que ha de funcionar como una base sobre la que se pueda sostener con la esperanza de mejorar la nómina al mes siguiente.