El emprendimiento agrario se ha convertido en la actualidad en un gran reto social, ambiental y territorial, tanto para las personas que quieren incorporarse a la actividad agraria, como para las administraciones y entidades que trabajan por el relevo generacional en el campo y la promoción del mundo rural.
Por un lado, según los datos que muestra el último censo agrario estatal de 2020 del Instituto Nacional de Estadística (INE), el número de explotaciones agrícolas en España ha disminuido un 7,6% en comparación al anterior censo de 2009. Además, en el 67% del total de las explotaciones agrícolas la persona jefa de la explotación supera los 55 años, y solo en un 4% son menores de 35. Por otro lado, el estudio del Grupo Focal de Acceso a la Tierra del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) realizado en 2021 señala sobre el carácter emprendedor de los titulares jóvenes, que su esfuerzo inversor es superior a la media, tanto en frecuencia como en cuantía. Y en el caso de las mujeres titulares de explotaciones agrarias advierte que invierten menos que los hombres pero su inversión supone un esfuerzo mayor.
Los principales problemas que han llevado al sector a esta situación son: el acceso a la tierra, el financiamiento, la capacitación, el asesoramiento, la innovación, la distribución y la comercialización de productos. A esto se añaden otros obstáculos de carácter más social pero no menos importantes, como es la reputación actual de las profesiones agrarias en el imaginario colectivo, ya que son trabajos poco valorados, y la desaprobación social de un plan de vida que implique dedicarse al campo. La falta de información al respecto ha hecho que en los últimos años administraciones y entidades trabajen por cambiar esta tendencia impulsando medidas que ayuden a fomentar el emprendimiento en el campo, sobre todo en jóvenes y mujeres, haciendo posible la materialización de nuevos proyectos más sostenibles e innovadores que den el valor y prestigio que se merece el sector. A pesar de ello, uno de los principales problemas que encontramos a la hora de emprender es la falta de conocimiento sobre estas medidas que ya existen y los recursos que se han creado para facilitar las nuevas incorporaciones.
En respuesta a esto, surge Ruralitud, una plataforma digital que nace con la finalidad de reunir toda la información y recursos clave que pueden ser imprescindibles para asegurar el éxito de un proyecto. Una herramienta dirigida principalmente a las personas que desean iniciar un proyecto, pero también a agentes clave de administraciones y entidades que trabajan por el emprendimiento rural y agrario. Ruralitud se presenta como un portal digital dividido en tres grandes apartados que serán actualizados periódicamente: orientación, iniciativas inspiradoras y recursos.
El primer apartado, bajo el título de ‘Orientación’, presenta las fases a seguir a la hora de iniciar un proyecto agrario mediante un análisis del contexto actual, recomendaciones y acceso a diversos recursos que abordan los distintos desafíos: análisis del contexto, formación, diseño de viabilidad, acceso a la base territorial, puesta en marcha y evaluación continua de proyectos. Un apartado especialmente valioso para guiar y ayudar en la toma de decisiones a aquellas personas que están valorando la incorporación al mundo agrario.