Más lejana. Más atribulada y a la vez más orgullosa, también más nerviosa y con mayor necesidad de reafirmarse. Rusia busca un camino propio que la afiance, en plena crisis de sus relaciones con Occidente, entre las principales potencias globales. Confirmado el divorcio con las instituciones de la UE a propósito de las crisis ucranianas y esperando hacer de la necesidad virtud, Moscú mira cada vez más a Oriente. Rusia, que ha resistido más dignamente de lo que se esperaba el último año de recesión, trata de forjar una nueva relación geoestratégica con China con metas ambiciosas. Junto al gigante asiático pretende dotar de agenda política y herramientas económicas propias a Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica (BRICS) aunque sus integrantes no comparten veleidades antioccidentales. Además, la guerra en Ucrania y un rosario de pequeños incidentes y declaraciones cruzadas subidas de tono proyectan el fantasma de una nueva guerra fría -con el este del país como escenario de la medición de fuerzas- entre Rusia y la OTAN. La Rusia oficial trata de hallar un camino en un panorama inestable e incierto. "El giro asiático de Rusia es una necesidad objetiva", asegura Fyodor Lukyanov, presidente del Council on Foreign and Defense Policy en Moscú.
La UE confirma sanciones durante seis meses más
A mediados del pasado mes de junio, la UE ampliaba sanciones económicas contra Rusia por un plazo de al menos seis meses más. La reacción de Moscú no se hizo esperar. Pocos días después el presidente Putin anunciaba la extensión del embargo a los productos alimentarios de la UE durante un año más.
Por el momento, la UE no ha logrado su objetivo de doblegar al presidente Putin. "Aislar a los actores malos es un pilar de la política exterior de EEUU, pero no ha funcionado contra Putin y en un mundo cada vez más conectado, es menos probable que tenga impacto", constata Suzanne Nossel en Foreign Policy. "Vemos que las únicas dos sanciones realmente importantes son la prohibición a los bancos rusos de la posibilidad de financiarse en Occidente y, desde el punto de vista ruso, la prohibición de algunos alimentos importados. Sin las sanciones la economía rusa estaría igualmente en recesión a causa de la caída de los precios del crudo", asegura Chris Weafer, socio de Macro Advisory en las páginas de The Moscow Times. Cuando hace un año que entraron en vigor las medidas económicas contra Rusia, Moscú parece resistir con mala salud de hierro.
Rusia alimenta el sueño de Eurasia