Como consecuencia de las restricciones y la caída de la demanda, los ingresos de los negocios y los trabajadores caen y así empeora su situación financiera. En España, donde los préstamos hipotecarios son frecuentes, es de esperar que compañías y ciudadanos de a pie enfrenten dificultades para hacer frente al pago de sus deudas.
Por eso, las alternativas a la ejecución crecen en relevancia. «Ya no estamos en los 200.000 millones de euros de NPLs (préstamos dudosos) de 2008», explica Miguel Arimont Lincoln, CEO de LEM Loan eMarket, en un evento virtual organizado por su empresa.
A pesar de que la situación es mejor que en la última crisis, Arimont cree que los créditos dudosos crezcan desde los 80.000 millones de euros actuales hasta los 130.000 millones. Por su parte, el Banco Central Europeo es más pesimista, ya que calcula que ese nivel alcanzará los 200.000 millones.
«La consecuencia de la pandemia es que se incrementen esos niveles», conviene Arimont. En todo caso, hace notar la diferencia con la anterior recesión, ya que esta es una crisis «de oferta y demanda», con sectores que han sufrido muy especialmente la pandemia, como el turismo, el comercio y la hostelería. En un momento dado, el descenso de los ingresos afectará al mercado residencial. Para Arimont, ese momento será a finales de este año o a principios del próximo.
Abel Marín Riaguas, abogado socio del bufete Marín & Mateo Abogados, frenó durante su participación en el coloquio las esperanzas de recuperación. En su opinión, el paro y la mala situación económica se trasladará a impagos, ejecuciones y ventas casi forzosas para sortear la deuda. Además, «aunque la vacunación haya arrancado, el cambio de hábitos de la población va a dejar algunos sectores tocados», adelanta este letrado.