El sector exterior ha sido visto durante estos años como el maná que podría salvar a la débil economía española. Con la demanda interna en punto muerto, la devaluación interna y una salida por las ventas al exterior ha sido vista como, quizá, la única forma de salvar los muebles. Pero, los últimos datos pueden generar dudas sobre si la salida de la crisis será gracias a esta vía.
Algo ya parece anticipar el Indicador Sintético de Actividad Exportadora (ISAE) que se ha situado en el tercer trimestre del año en 7,6 puntos, lo que representa una bajada de 15,5 puntos frente a los 23,1 del trimestre anterior. "Esta caída se debió, fundamentalmente, a una percepción menos favorable de las empresas exportadoras en el trimestre de referencia, que coincide con los tres meses de verano, y, en menor medida, a las expectativas exportadoras a largo plazo. En cambio, a corto plazo, crece el optimismo de las expectativas exportadoras", justifican en la nota del ministerio.
¿Estacional o cambio de tendencia?
El quid de la cuestión reside en ver si este dato se trata de una cifra puntual fruto de una bajada estacional (al observar la gráfica de otros años se ve como suele caer en los meses de verano) también puede representar la rotura de un indicador que iba in crescendo en los últimos trimestres.
En agosto, las exportaciones sufrieron una caída del 5,1%, que no se había visto desde que en 2009 se produjeran desplomes de más del 26%. ¿Se repite el contexto de recesión? Hace cinco años, la economía europea vivió unos momentos muy críticos en cuanto a niveles de crecimiento con caídas generalizadas del PIB. Ahora, el fantasma de la recesión vuelve a aparecer en Europa y teniendo en cuenta que se trata del principal destino de las exportaciones españolas esto podría tener consecuencias.