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La banca europea ha puesto en marcha una movilización sin precedentes para situar la simplificación regulatoria y supervisora en el centro de la agenda económica de la Unión Europea. No es para menos: ofrecer al sistema financiero un marco regulatorio que le permita competir en igualdad de condiciones con el resto del mundo e impulse la financiación al sector productivo y a las administraciones es vital para el futuro de Europa.
La Asociación Española de Banca (AEB) acaba de lanzar una campaña digital que subraya que simplificar es condición indispensable para impulsar el crecimiento y la competitividad del continente. Es parte de una iniciativa europea coordinada por la Federación Bancaria Europea (EBF) que, bajo la etiqueta #SimplifyToStrengthen —#SimplificarParaCrecer en su versión española—, reclama un marco normativo más claro, proporcionado y coherente con los desafíos estructurales de la UE.
Durante la última década, Europa ha construido un sector bancario extraordinariamente sólido. Hoy los bancos cuentan con más capital, más liquidez y una mayor capacidad de absorber pérdidas. Esta fortaleza se ha puesto a prueba en momentos de tensión: desde la pandemia y los episodios de inestabilidad financiera hasta un contexto geopolítico incierto. La resiliencia del sistema financiero europeo es indiscutible.

Pero, en paralelo, la UE ha configurado un entramado regulatorio cada vez más extenso y complejo. La superposición de normas globales, europeas y nacionales ha generado duplicidades y ha ralentizado procesos esenciales para la financiación de la economía real. Según el análisis de la Federación Bancaria Europea, entre 2,7 y 4,1 billones de euros permanecen hoy inmovilizados en buffers y decisiones supervisoras. Recursos que, de estar disponibles, habrían permitido financiar las grandes necesidades de Europa en transición ecológica, transformación digital o seguridad y defensa.
