La buena noticia es que los desorbitados precios de consumo que tenemos en este momento, con los adelantados ya de mayo en una primera estimación, se van a corregir a lo largo del ejercicio. La mala es que los sustos que nos han dado hasta ahora pueden proseguir, aunque posiblemente la cota más alta, la del 9,8% vivida en marzo, no se repetirá.
Esta es ahora mismo la secuencia exacta de lo que pasa con la inflación en España, que ha vuelto a repuntar hasta el 8,7% en el primer dato adelantado de mayo desde el 8,3% en abril, por el encarecimiento mayor de los carburantes frente al año pasado. Ese nuevo aumento nos da que pensar sobre la evolución presente y futura del IPC español.
Primeras impresiones de la inflación en mayo
De momento la cosa se complica a todos los niveles, no solo por el incremento en el precio del crudo que revierte en los carburantes. También por los alimentos y bebidas no alcohólicas, que consumimos cada día. En el último año, el repunte de los precios de la comida supera el 10%, con vivienda que es además un 18,8% más cara.
Pero incluso descartando y descontando de nuestro coste mensual esos dos factores más inflacionistas, la energía y los alimentos, la subida de la inflación en mayo es del 4,9% en esas cifras preliminares que, de confirmarse, reflejarían en este dato subyacente los precios al consumo es el más elevado desde octubre de 1995. Es decir, la inflación más alta sin elementos volátiles en 23 años.
Un aumento que preocupa debido sobre todo a dos factores: el primero a que está por encima de la media comunitaria, la supera en cuatro décimas en el IPCA, el dato comparativo con Europa. El segundo, es que alguna medida del gobierno, como la subvención al carburante, se evidencia ineficaz para la reducción de los precios: gasolina y gasóleo más barato y, por tanto, con mayor consumo.