Serbia ejecuta grandes proyectos de infraestructuras como la Expo 2027 y el metro de Belgrado mediante adjudicaciones directas a empresas chinas, sin concursos públicos. El Gobierno justifica este modelo por las garantías de financiación, mientras crecen las críticas internas y externas.
Desde 2009, Serbia mantiene un acuerdo bilateral con China que permite a sus empresas evitar las licitaciones públicas. Este marco se reforzó en 2013, coincidiendo con la llegada al poder del presidente Aleksandar Vucic.
Según Forbes Serbia, de 25 grandes proyectos de infraestructura, 17 están en manos de empresas chinas o de sus filiales locales, consolidando un modelo que concentra contratos estratégicos sin competencia abierta.
Advertencias desde Bruselas
El último informe de la Comisión Europea sobre la candidatura de Serbia a la UE advierte de una transparencia limitada en los proyectos internacionales, lo que incrementa el riesgo de corrupción y debilita el control del gasto público.
Bruselas señala que Serbia elude su propia legislación mediante acuerdos intergubernamentales que permiten movilizar fondos sin supervisión suficiente, una práctica reiterada en grandes infraestructuras.
