Cuando en los años 70, una serie de ingenieros de Hewlett-Packard y soñadores con garaje comenzaron a poblar el valle californiano con microchips y ordenadores, nadie imaginaba que estaban sembrando el epicentro de una revolución. Silicon Valley se convirtió en el símbolo por excelencia de la innovación tecnológica, el emprendimiento y el capital de riesgo. Pero en 2025, más de cincuenta años después, su hegemonía empieza a resquebrajarse: el talento y las ideas ya no se concentran en una sola costa.
La pandemia cambió por completo el panorama laboral. Con la llegada del teletrabajo, las empresas descubrieron un modelo más rentable gracias a la reducción de costes. Y, desde entonces, no hubo vuelta atrás.
El primero en dar el paso fue Elon Musk, quien se mudó a Texas, donde desarrolla los proyectos de SpaceX, su compañía aeroespacial, y mantiene varias fábricas. Tras él llegaron Oracle, HP, 8VC, Dropbox y Meta.
«He oído que crear una empresa en California es casi imposible. Así que tengo un mensaje para la gente de allí: vengan a conocer Texas». Con estas palabras, Rick Perry —exgobernador del estado— se dirigía a los oyentes de una emisora en 2013. Aunque formaban parte de una campaña para atraer startups y emprendedores de la costa oeste. Pero la verdad es que, sin saberlo, estaba pronunciando una premonición.
Hoy, Silicon Valley se descentraliza. Pierde su hegemonía, su aura de originalidad.




