Distancia social, confinamiento o mascarillas son algunos de los cambios que se han introducido en los últimos meses a causa de la pandemia. Estos han afectado a todos los niveles de la sociedad. En este contexto, en las ciudades el reto es mayor a la hora de controlar los contagios, puesto que es donde reside la mitad de la población y se espera que dicha cantidad se incremente hasta el 60% para 2030, según la ONU.
Por ello, las urbes tienen que repensar sus estrategias para adaptarse a este nuevo escenario incierto. De esta forma podrán centrarse en ser sostenibles, competitivas y en marcar las prioridades para su futuro, que revertirá en una mejora de la calidad de vida de la ciudadanía. Un estudio del IESE apunta que la pandemia representa una oportunidad para lograr estos objetivos y aumentar así su capacidad de recuperación. En este sentido, «la resiliencia, en parte gracias a una mayor colaboración público-privada, puede ser el nuevo paradigma de las ciudades». En la base de este desarrollo se encuentra la tecnología. Todo esto es la clave para la evolución de las smart cities, un modelo de ciudad que administre de forma eficiente los recursos, la energía, el agua, la contaminación o el contacto entre las personas.
La inversión europea en tecnologías para smart cities alcanzará los 31.000 millones de dólares en 2021, según la consultora IDC
La tecnología facilita la conectividad, ayuda a comprender mejor el funcionamiento de estas áreas y a tomar mejores decisiones en base a los datos que recoge. «Las ciudades inteligentes se basan en la tecnología y la organización. La digitalización de las mismas no consiste en digitalizar los activos, sino en reorganizar la función de la ciudad en torno a los datos», explica a DIRIGENTES el country manager para España de Everynet, Jean Triquet. A este respecto, añade que las smart cities no tienen que ver con el control social de la vida de los ciudadanos, sino con la comunicación de las partes para mejorar su cooperación.

