La política de “Covid cero” se define como el intento de que nadie contraiga la enfermedad. Los defensores de esta estrategia aplauden que China, además de ejecutarla con eficiencia, prioriza las vidas humanas sobre todo lo demás. Sus detractores, entre quienes se encuentra la Organización Mundial de la Salud (OMS), consideran sin embargo que es imposible tratar de reducir los casos a cero en todo momento. La realidad es que China tiene una tasa de vacunación, relativamente baja, del 89,3%. Y que aproximadamente la mitad de las personas mayores, las más vulnerables frente a la enfermedad, han optado por no vacunarse. El resultado, por tanto, sigue siendo una frontera cerrada y pruebas PCR obligatorias para toda la población.
En China, hasta el momento, se han hecho unos 11.500 millones de pruebas PCR. Y el coste total, atendiendo al precio de cada test, asciende hasta casi treinta mil millones de dólares. Cualquiera podría defender esta estrategia si con ella se salvan vidas humanas. Sin embargo, la población más vulnerable sigue sin estar vacunada, mientras miles de pequeños comerciantes apenas tienen para vivir. La Sra. Huang, con una floristería en Shanghai, asegura estar pasando hambre tras haberse endeudado hasta la ruina por culpa del confinamiento, según ha podido saber DIRIGENTES. Y otras muchas personas, en una situación similar, han optado incluso por el suicidio. Seguramente, como señalan estudios recientes, los confinamientos fueron necesarios para evitar dos millones de muertes solo en Shanghai. Pero, tras dos años de pandemia, la OMS ha sugerido un cambio de estrategia para minimizar los daños en China.
Una coyuntura peor
China, que este año tenía previsto crecer un 5,5%, tiene prácticamente imposible superar el 5%. El paro urbano registrado, en máximos de los últimos años, ha llegado a alcanzar un 6,1%. Los índices PMI, tanto del sector manufacturero como el de los servicios, llevan meses indicando contracción. Ventas minoristas e inversión en activos fijos, además, se han contraído notablemente en abril y mayo. La recaudación en los cines, durante el puente de mayo, se desplomó un 80%. Las transacciones inmobiliarias, en abril, se redujeron un 50%. Y el gobierno chino, entre otras medidas urgentes, ha tenido que aprobar un plan de rescate económico con beneficios fiscales valorados en 21 mil millones de dólares. “Estimamos que la política de confinamientos ha supuesto un recorte de 1,5 puntos porcentuales sobre el crecimiento económico chino de 2022, que apenas alcanzará el 4,2%”, señala Alicia García-Herrero, del banco Natixis, a DIRIGENTES. A largo plazo, además, preocupan cuestiones como la integración china en las cadenas globales de suministros. Apple, recientemente, anunció que trasladaba una parte de su producción a Vietnam. Y una cuarta parte de las empresas europeas están analizando la posibilidad de abandonar China, según la Cámara de Comercio de la UE (EACHAM).
También preocupan algunos efectos que sobre el capital humano puede acabar teniendo la política del “Covid cero”. Algunas escuelas internacionales están empezando a tener dificultades para encontrar personal extranjero cualificado. Y, según la consultora Henley & Partners, unos trece mil multimillonarios tendrían previsto abandonar China este mismo año. Sacarían del país, además, unos 65 mil millones de dólares, solamente durante 2022.

