Los datos que las empresas y organizaciones almacenamos de nuestras transacciones y relaciones con los clientes y terceros tienen o tendrán un valor tan importante que los hacen comparables al oro, el petróleo o cualquier recurso necesario y apreciado por la sociedad. Todos hemos oído o leído alguna vez frases de este estilo y es fácil ante dichas afirmaciones, que suenan tan rotundas y que aparentemente parecen tan fundadas técnicamente, dar por sentado que son totalmente ciertas.
No obstante, antes de empezar a atesorar información en nuestras empresas, con el fin de crear e incrementar este supuesto e importante activo, es interesante pararnos a pensar un poco lo que tienen de realidad este tipo de expresiones.
Sin querer ser excesivamente teórico, sí que es bueno reflexionar sobre los datos como un recurso valioso económicamente hablando. Un bien tiene valor dependiendo de su utilidad y, sobre todo, de su nivel de escasez. En economía, por definición, todos los bienes son escasos, pero algunos, como el petróleo y el oro, mucho más que otros, debido a que se conoce perfectamente la limitación de sus reservas y, por lo tanto, de su escasez.
Pero los datos no son escasos. Más bien todo lo contrario. El volumen generado en los últimos meses probablemente sea igual al que se generó en los últimos años y, esta tendencia exponencial, consecuencia del incremento de la densidad digital, se seguirá repitiendo en el futuro sin previsión de cambio.
Los datos en sí mismos no valen nada