Hace ya ocho años que los líderes mundiales se comprometieron a garantizar los derechos y el bienestar de todas las personas en un planeta sano. Así nació la Agenda 2030 y sus Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), concebidos como una hoja de ruta universal para superar las divisiones económicas y geopolíticas, restablecer la confianza y reconstruir la solidaridad. Sin embargo, a medio camino de la fecha límite, la meta está lejos de cumplirse. Según se desprende del Informe de Progreso de los ODS, Edición especial, elaborado por Naciones Unidas, más de la mitad del mundo se está quedando atrás. Los avances para más del 50% de los ODS son “endebles” e “insuficientes” y el 30% están “estancados” o “han retrocedido” con respecto a la situación de 2015, entre los que se incluyen asuntos esenciales sobre la pobreza, el hambre y el clima.
Si no se actúa ahora, la Agenda 2030 podría convertirse “en el epitafio del mundo que podría haber sido”, sostiene el documento que alza la voz para hacer un llamamiento a la acción y a la aceleración de los ODS. Ya que, según apunta António Guterres, secretario general de la ONU, la falta de progreso podría significar un avance de las desigualdades y un mayor riesgo a un “mundo fragmentado que funcione a dos velocidades”. Una razón por la que considera que las decisiones económicas y financieras “deben dar prioridad al bienestar de las personas y del planeta”.
Esta realidad encuentra su explicación en que los esfuerzos realizados por la comunidad global son “insuficientes” pero, también, en los efectos combinados de diferentes elementos. Por una parte la crisis climática, donde la pérdida de biodiversidad y la contaminación presentan repercusiones “devastadoras” y “duraderas”. Por otro lado, la invasión rusa sobre Ucrania, con su impacto en el aumento de los precios de los alimentos, la energía y la financiación, que afecta a miles de millones de personas. Y, en última instancia, las consecuencias persistentes de la pandemia de la COVID-19 “que han sacado a la luz deficiencias sistémicas y obstaculizado el avance hacia los ODS”.
De los 17 ODS que se fijaron en el año 2015, siete de ellos presentan importantes desafíos. En este escenario, el Informe de Progreso de los ODS, Edición especial destaca, por ejemplo, el número 13 en la medida en que la temperatura global ya es 1,1°C superior a los niveles preindustriales y se espera que alcance o se supere el punto de inflexión de 1,5°C en el año 2035. O, también el número 16, que indica que “las devastadoras consecuencias de la guerra, los conflictos y las violaciones de los derechos humanos han desplazado ya a 110 millones de personas”, de las que 35 millones eran refugiadas y representa la cifra más alta registrada.
Unido a este punto, la Asamblea General de la ONU, celebrada el pasado mes de septiembre, también ha puesto el foco en los países menos desarrollados, cuyos dirigentes reivindicaron la importancia de establecer una nueva arquitectura financiera al tachar la actual de abusiva. Así, en el documento elaborado por Naciones Unidas, su secretario general resalta que los países en desarrollo sufren las consecuencias de la “incapacidad colectiva para invertir en los ODS”. “Muchos se enfrentan a un enorme déficit de financiación y están enterrados bajo una montaña de deuda”, aclara para especificar que los países desarrollados “adoptaron políticas fiscales y monetarias expansivas durante la pandemia y en gran parte han retomado la trayectoria de crecimiento anterior”. Sin embargo, “los países en desarrollo no pudieron hacer lo mismo, en parte por el riesgo de que sus monedas colapsaran”.